COLUMNAS DE
OPINION
Una
mirada crítica del mundo
y de la
realidad chilena
"Serás camino si es que
caminas para el que viene detrás".
Horacio Sosa,
cantautor
cordobés
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El
piñerismo, los concertacionistas y el por-venir de la Izquierda
Leopoldo
Lavín Mujica
No
necesitamos la ingenua pureza del niño de la fábula —ese
que rompió con la espiral del silencio— para percibir que “el
rey está desnudo”. La panoplia de poderes instrumentales de la
oligarquía económica y política chilena
resplandecerá diáfana en medio del caos, las traiciones,
los ajustes de cuentas y la implosión concertacionista. Pero no
todo será miel sobre hojuelas para el empresario-presidente.
Aunque el staff
piñerista trate incluso de limitar los daños de la
caída de una hoja, en los meses venideros vendrán los
previsibles escándalos, producto de los presumibles negociados y
arreglines de los nuevos tecnócratas del “cambio” (‘diplomados
en economía y management
en las mejores universidades de EE.UU’, reza la monserga), provenientes
en su mayoría del sector privado y que coparán el aparato
burocrático de Estado.
En el
centro del escenario político estará el Empresario-Sol,
agitándose nervioso durante cuatro años en el trono
ejecutivo del poder, gerenciando al país como una empresa;
ahí donde lo pre-vieron potenciado y gobernando los
artífices visionarios del régimen político y
constitucional diseñado hace un cuarto de siglo por los
operadores “intelectuales” UDI (no tardarán en
recordárselo los surnumerarios pontífices guardianes de
la ortodoxia beato-conservadora). Ah, no será extraño que
en el nuevo gabinete, salpicados entre ultraliberales y conservadores
de viejo cuño, se encuentren algunos progresistas-liberales. Una
idea fija determinará el actuar político de la empresa
piñerista: el Estado es un botín, no se transa; una vez
conquistado, no se cede.
Es lo
propio de la psicología depredadora del empresario-financiero y
conquistador de posiciones ventajosas en el mercado.
El
dispositivo mediático tradicional adicto e incólume
estará en posición firme; bien aceitado para establecer
un cerco de imagen securitario en torno del tejado de vidrio de la
Presidencia. Lo hará desinformando, filtrando, omitiendo,
espectacularizando, distrayendo. Ya sea, manipulando las emociones como
construyendo día a día la “agenda setting de la derecha
empresarial y política (estableciendo la jerarquía en las
prioridades llamadas públicas).
Para
qué hablar de la política exterior. Esta se
someterá sin más a los designios imperiales más
conservadores y avalará la neocolonización de
Latinoamérica con la estrategia del Poder inteligente de los
Demócratas y la del Poder militar y tecnológico del Southern Command de los
Republicanos (*).
En
esta estrategia imperial conjunta, lo humanitario, lo político y
los negocios se confunden y tienen el mismo objetivo: proyectar la
potencia imperial, ocupando territorios e instalando gobiernos sumisos
para exigir “seguridad jurídica” a los intereses de la empresa
privada norteamericana y global. También en este terreno la
concertación fue obsecuente con los “intereses globales”. Uno de
sus hijos mimados, J.M. Insulza, acaba de avalar, sin chistar, el golpe
institucional en Honduras en contra el gobierno legítimo de
Zelaya, traicionando el espíritu y la letra de la Carta
democrática de la OEA.
No hay
por donde perderse, ni llamarse a engaño. Los concertacionistas
le pavimentaron el camino al proyecto Piñerista;
plagándolo de las “buenas intenciones” mercadistas y
capitalistas con retoques de inocuo progresismo. El motor del lucro fue
legitimado con la derecha en educación; lo mismo en salud
(Piñera es propietario del más moderno centro de salud
para pudientes); en información (absolutamente nada se hizo para
ayudar al derecho al pluralismo informativo) y sólo ahora,
después del coraje de un periodista al resistir a plegarse a las
exigencias del presidente y empresario mediático, los dirigentes
del gremio levantan la voz.
Y
qué decir de la situación precaria de los trabajadores en
el plano de los derechos colectivos, sacrificada por el
concertacionismo en nombre de la crisis y en el altar de la
productividad empresarial.
Fue la
constante. Cuando los concertacionistas quisieron posar de modernos y
progresistas optaron siempre por el parámetro mercadista
descartando con argumentos de mala leche el de los derechos
democráticos y colectivos de las mayorías para declararse
como tales. Como el liberalismo, el “progresismo” funciona como
justificador de las políticas de derecha.
Por
supuesto. Piñera continuará con lo realizado acentuando
las soluciones capitalistas que beneficiarán a los ricos y
poderosos. La carrera hacia una sociedad gobernada por los mercados y
el lucro se profundizará. Con la legitimidad que le habrá
dejado la Concertación, e incluso su propia disidencia, como la
de M. Enríquez-O, que aunque aparezca oposición novedosa
al sistema, también contribuyó a fortalecer las opciones
mercadistas y empresariales para resolver los problemas (no por azar
sus ex asesores y amigos economistas hoy están con
Piñera). Enríquez-O, no hay que olvidarlo, acarreó
agua ideológica al molino piñerista.
¿Cómo
creer entonces en la cantinela de los nuevos liderazgos y en la de la
recomposición de una mal llamada “centro-izquierda progresista”
para volver a gobernar el 2014? Repetir que la mayoría de la
ciudadanía es de “centro-izquierda-progresista” nada resuelve si
no hay debates acerca de un programa- proyecto de sociedad alternativo
al liberalismo piñerista o al concertacionismo
centro-progresista, en cada sala de clase, aula, cátedra,
iglesia, fábrica, barrio, territorio mapuche, movimiento social
y medio alternativo.
Una
recomposición en torno a “nuevos liderazgos” concertacionistas
nada augura de bueno para un proyecto alternativo al neoliberalismo o
ultraliberalismo de la derecha piñerista. Como en Italia, cuando
Berlusconi vencido en su primera tentativa de reelección en 1995
por un conglomerado centro-progresista, “heteróclito, paliducho
y sin proyecto” (Serge Halimi), volvió a triunfar seis
años más tarde.
El
programa concertacionista de la mal llamada centro-izquierda
progresista fracasó. Es necesario un nuevo programa
antineoliberal, que retome lo fundamental del de la candidatura de
Jorge Arrate y de su liderazgo. Sólo así impediremos que
los derrotados se repitan el plato. Pero este programa debe ser
debatido y asumido por un movimiento de reagrupamiento de una izquierda
política y social auténtica, que no le de tregua ni
al concertacionismo, ni a la derecha.
Se
puede hacer. Es el desafío de la izquierda por construir.
Siempre que este proyecto se apoye en las movilizaciones sociales en
torno a las reivindicaciones ciudadanas y populares. Sólo de
esta manera, y a esta política, vendrán los
concertacionistas de izquierda.
Porque
de lo que se trata es de construir liderazgos ciudadanos y populares...
pero colectivos, sociales, democráticos.
Las
cúpulas concertacionistas se dedicaran a colmatar las brechas de
manera discursiva y a tender un manto del olvido acerca de sus
responsabilidades en el ascenso al poder de la alianza
liberal-pinochetista. Las dirigencias concertacionistas derrotadas
intentarán pegar los platos rotos e incluso no dudarán en
utilizar las categorías del marxismo y de la lucha de clases en
su épica antipiñerista. Algunos ya hacen gárgaras
con “trinchera”, “pueblo”, “trabajadores”, “oprimidos”,
“oligarquía”, “explotadores”. etc. Otros tratarán de
reconstruir una nueva dirección con viejas ideas, pero con
rostros maquillados. Es el proyecto de Ricardo Lagos: una
retórica progresista, una práctica inconsecuente y una
crítica discursiva al piñerismo. Pero una vez en el
gobierno volverán a lo mismo: mantendrán con reformas a
cuentagotas el sistema que perpetúa la desigualdad, el
endeudamiento de la clase media y popular, la destrucción del
medio ambiente y el poder estructural de los ricos y poderosos.
Las
voluntades de izquierda necesitamos una metodología de la unidad
para … reagruparnos y, con un actuar abierto a los posibles, aprovechar
las ventajas que ofrece cada situación. Construyendo historia
sin dogmatismos. Esbozando un perfil para un futuro humano: una
hipótesis estratégica que atraiga a los espíritus
jóvenes, proletarios, profesionales (a los miles que
tendrán trabajos precarios y mal pagados, los del “millón
de empleos” del piñerismo) y estudiantiles; un nuevo horizonte
ético ecosocialista, “sin el cual la voluntad renuncia, el
espíritu de resistencia (contra las aberraciones capitalistas)
capitula, la fidelidad falla, la tradición se pierde” (Daniel
Bensaïd).
(*)
Como en Grecia (450-404 A. de J.C.) y Roma en tiempos de sus imperios
(siglo II al IV D. de J.C.), EE.UU es imperialista en el plano de su
política exterior y, en el interior debe responder a las
presiones democráticas del “demos”. Como el circo romano del
consumo con endeudamiento se acabó, ahora se trata de ponerle
freno a los excesos. Esto explica las medidas (moderadas) contra la
voracidad y control del sistema financiero que el presidente Obama
está aplicando contra el poder de Wall Street.
Leopoldo Lavín Mujica
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